Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

Suplemento de El Pueblo, un rastro de migas o un juego de pistas para entender cómo podemos enamorarnos de una ciudad.
Ahora no me conoces

El día del arquero (I)

Ahora no me conoces edición anterior
Hotel Biltmore (Susana López)

Historias de Música.

94.7 FM. Emisora del Sur -Lunes a Viernes de 13 a 14 horas.

Conduce: Luis Fernando Iglesias

Omar Adi
Reflexiones en tiempos de coronavirus
El mar interior
Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría,
y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de
la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la
desesperación; lo teníamos todo, no teníamos nada.
Las proféticas primeras palabras de “Historia de dos ciudades” que Charles
Dickens publicaba en 1859, nos planta en este tiempo incierto, donde todo es
impredecible y la princesa de tus sueños o el monstruo de la laguna negra
se te pueden aparecer a la vuelta de la esquina.
De repente es la misma esquina de Barcelona donde en su El juego del Angel
el magistral Ruiz Zafón plantea el siguiente diálogo:
-Tiene usted mala cara.
-Indigestión.
-De qué?
-De realidad.
-Póngase a la cola.
Desde esta esquina de Montevideo (donde hace un frío que parecen dos) no
perdemos nuestro hábito de sermonear y pensamos y compartimos con
ustedes que para mejorar la indigestión debemos alimentarnos sanamente
(en todos los sentidos), tomar aire libre (también en todos los sentidos), salir
de la agobiante realidad de la ciudad sitiada y recuperar algo de la vieja
inocencia, dejando de pisar charquitos sucios y volviendo el alma hacia la
perdida capacidad de asombrarnos ante lo luminoso.
Estos tiempos y estas esquinas nos hacen descubrir y redescubrir maravillas
que no veíamos.
Más que panorama desde el puente, permítame compartir con usted este
panorama desde el camión que intenta contener profundidades.

El padre de un amigo, camionero de Drabble (hoy José Enrique Rodó), trajo a
Montevideo a unos hombres de campo para hacer una changa.
Luego de cumplir el trabajo, uno de ellos, un muchacho muy joven, le dijo al
chofer con humildad y algo de verguenza:
-Disculpe, pero…quiero conocer el mar.
De los cinco del grupo, uno gordo con bigotes y boina permanente, se
arrogaba el ser “conocedor” porque ya había estado una vez en Montevideo y
entonces ninguneaba a los otros desde la superioridad que le daba “la
experiencia”.
El camionero accede a la petición, toma Comercio hacia la Rambla y cuando
están por llegar ocurre el siguiente diálogo en la caja del camión.
Deslumbrado ante la imponencia del mar, el muchacho exclama:
-Ay, mi dios! Cuánta agua!
Y el gordo de boina y bigotes, mirándolo desde su corta estatura, se saca el
pucho y le dice sobrador:
-Y abajo hay más.
Dejo un espacio para que se rían un poco, que falta nos hace.
Comentábamos en un grupo de amigos el otro día que debemos recuperar la
capacidad de asombrarnos porque haya tanta agua y además debemos
trabajar para que abajo siempre haya más.
Andábamos metafóricos ese día.
Decía Goethe que el hombre que no se encuentra a sí mismo no podrá
encontrar jamás nada.
Sería penoso que nos enfrentáramos al ancho mar que contenemos y nos
recorre y no tuviéramos ni idea de cómo navegarlo.

 

El Maestro Enrique Ilera

Comida casera

Ese día el ama de casa comenzó temprano sus tareas culinarias.
Tarareando una mazurca de Chopin pasó primero la escoba, luego un trapito al
televisor para continuar luego con las telarañas en los ojos de su suegra y
esperar a su marido. O sea el hijo de la vieja telarañosa.
Esta ejemplar ama de casa no había parido descendencia alguna, por lo que se
volcaba entero a complacer a su marido con todo lo que tuviese a su alcance.
Que no era mucho.
El ama de casa miró la hora y sacó en cuenta que tres años le daban tiempo
suficiente para poder cocinar algo especial para su amado esposo.
El marido nunca olvidaría aquel almuerzo de reloj de pared a la milanesa que,
según ella le había dicho, sería de rápida digestión si no se le agotaban las pilas.
Ya en el psiquiátrico, la ejemplar ama de casa tarareaba otra de sus Mazurcas de
Chopin mientras se anudaba a la cintura un delantal imaginario.

 


 1.- Primer Período: 1962 – 1966
 Batería, batería con escobillas y con baquetas, pandereta, maracas,
bongo, cencerro, tambor africano, claves, congas, timbales, shaker,
palillos, bombo, platillos de mano, órgeno Hammond.-

 2.- Segundo Período: 1967 – 1970
 Campanas, piano, crótalos, cascabeles, yunque.-

 3.- Otros recursos
 Chasquidos de dedos, peine con papel, palmas, voz principal y coros.-

Félix Montaldo

PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS

Joseph Conrad
Luego alquilaron una casa en Île-Grande donde se instalaron el 9 de abril. Para
Jessie que, aparentemente, nunca habría viajado fuera de Inglaterra este viaje
tiene que haber sido emocionante aunque los lugares escogidos eran muy
solitarios y su desconocimiento del francés le impidiera relacionarse con la
gente del lugar. El matrimonio vivía aislado y las pocas atracciones se limitaban
a alquilar una barca para hacer excursiones por la zona. Conrad describió estos
paisajes con admiración en carta a su amigo Edward Sanderson: “La costa es
rocosa, arenosa, salvaje y llena de expresividad nostálgica. Pero detrás de las
amplias extensiones de mar, cerradas por un archipiélago baldío, aparecen
tierras verdes, sonrientes y soleadas: a menudo incluso cuando el sol y las isletas
están bajo la sombra de nubes pasajeras.” Pero Jessie recordaba que las noches
fueron frías y ventosas durante mayo e incluso junio. 1
Conrad se puso a escribir inspirándose en el recuerdo de sus travesías por
el Archipiélago Malayo y Jessie mecanografiaba sus manuscritos. Después el
escritor enviaba sus trabajos a Garnett. Luego cayó en un coma febril y
escalofríos y en sus delirios hablaba en polaco. Jessie pasó por una situación
muy complicada intentando ayudar a su esposo y tuvo que pedir auxilio a la
casera. Tal vez fueran resabios de las enfermedades tropicales que había
contraído el novelista. Aunque luego se recuperó, con el tiempo volvieron las
recaídas que se intercalaban con sus períodos de intensa actividad literaria. Este
episodio fue recordado por el autor en su libro Amy Forster, publicado en 1901. 2
Más adelante se trasladaron a la campiña de Bretaña donde prosiguió con
sus escritos. Comenzó una novela a la que llamó Salvamento, cuya primera
parte se la envió a Garnett quién quedó entusiasmado con ese fragmento del
relato: “Sólo te diré que nunca has escrito nada como la parte de Salvamento
que me has enviado. Por fin has salido al mar de verdad. ¡Bravo…! Te enviaré
algunas notas sobre varios pasajes, notas de más & aún más. Pienso que los

lectores quedarán tan tocados & hundidos como los críticos. ¡Sigue así! ¡Sigue
así!” 3 Pero en el desarrollo de esta obra que comenzó con tan buenos auspicios
más tarde se empantanó y tuvo que abandonarla. Buscando un tema nuevo
Conrad comenzó con Una víctima del progreso a la cual luego llamaría Una
avanzada del progreso que está ambientada en el Congo (para esta obra se
inspiró en Bouvard y Pécuchet de Flaubert). A esta obra le siguió el cuento corto
La laguna, cuyos derechos fueron adquiridos por la revista The Cornhill que lo
publicó en seguida. Por otro lado una editorial alemana estaba gestionando la
publicación de Un vagabundo de las islas. La labor de Conrad estaba logrando
el reconocimiento profesional. Fue muy prolífica su actividad literaria en esta
larga luna de miel. Es más, es probable que en este verano haya empezado con
El negro del Narciso, una de sus mejores obras. Puede ser que también hubiera
motivos económicos ya que habrían fracasado unas inversiones que había hecho
a fines de 1895 en una mina en Sudáfrica. 4
Como paseo final de esta extensa luna de miel habrían planeado un viaje
al País Vasco el cual no se realizó y para principios de septiembre la pareja
estaba de vuelta en Londres.

Daniel Da Rosa

Antes que termine el día
tanto tiempo
y la tierra que se hace ancha
distante
ahora los hombros más bajos
la cintura más circular
los pies pesados
y la mirada con más espesura
tanto tiempo
y  el mundo cada vez más chico
las lenguas que se entreveran
aún a la sombra de los abedules
el país más lejano está a horas de viaje
sin embargo el mar nos va dejando sin playas
el hombre sin bosques
tanto tiempo
sin verte
esperando cartas que ya no se escriben con tinta
en papel blanco
o que suene el teléfono
cómodamente instalado en la pared de la cocina
tanto tiempo
sin los pixeles
de van gogh
no puedo ya saber si tus ojos
cambiaron de color
pero sé que estás ahí

te he visto en sueños
como una postal
sentada frente al mar.
Ilustraron : Edward Hooper, s/d, Topor, Gentileza de JMV, Leonardo Perez
Laborde.
Según el mito que Aristófanes relata en el diálogo platónico El banquete, el
hombre era originalmente un ser esférico con dos rostros y cuatro piernas.
Como era demasiado arrogante, Zeus lo partió en dos mitades para debilitarlo.
Desde entonces el hombre es un symbolon que añora su otra mitad, una
totalidad que lo sane y lo salve. PQ

Compartir