Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

Netflix

 

«Perdidos en Tokio» («Lost in Translation», Estados Unidos/2003). Guión y dirección: Sofia Coppola. Con Bill Murray, Scarlett Johansson, Giovanni Ribisi, Anna Faris y Catherine Lambert. Fotografía: Lance Acord. Música: Kevin Shields.. Producción de Focus Features y American Zoetrope presentada por UIP. Duración: 102 minutos. Para mayores de 13 años.

La fascinación y el desconcierto

Bob (Bill Murray) es una estrella de Hollywood que llega a Japón para ganarse con facilidad dos millones de dólares por encabezar la campaña publicitaria de un whisky y, según confesará, también para descansar de su desgastado matrimonio y de un hijo al que no le presta demasiada atención. Charlotte (la ascendente Scarlett Johansson), en cambio, es una joven graduada en Filosofía en Yale que arriba al mismo hotel acompañando a su desagradable marido (Giovanni Ribisi), un fotógrafo más interesado en retratar a estrellas de rock que de preocuparse por las cavilaciones de su esposa.

Las dos criaturas de Sofía Coppola se cruzan en el ascensor y en el bar del hotel, y pronto descubrirán que tienen mucho más en común que el jet lag, el insomnio y las horas que pasan haciendo zapping entre patéticos shows de la tevé japonesa: mientras ella atraviesa una crisis vocacional típica de los veinteañeros, él pasa por una más existencial propia de los hombres de 50 y pico, y mientras ella descubre cuán vacíos han sido sus dos años de casada él convive con las miserias y las hipocresías acumuladas durante 25 años de matrimonio.(…)

Hay en «Perdidos en Tokio» algunos picos de un cine que llega a gran altura, como la escena en que Bob y Charlotte comparten la cama, pero no para caer en el facilismo de un fugaz encuentro sexual, sino para compartir una noche de complicidades, para confesarse los secretos y mentiras más profundos, para intentar encontrar un lugar en el mundo en el lugar más insólito del mundo. La realizadora prefiere la intensidad emocional al erotismo (sus manos apenas se rozan) para retratar toda la desesperación y la soledad de estas dos almas perdidas. Esta historia de amor, que no necesita consumarse para emocionar, está trabajada con toda la delicadeza y ese refinado tono suave y sin efectismos que Coppola le imprime a su narración.

(…)La fascinación y el desconcierto con que la cámara de Lance Acord descubre los exteriores de Tokio sintonizan a la perfección con la perplejidad que sienten las dos criaturas frente al estado de las cosas que les toca vivir, mientras que la exquisita banda sonora, que recorre canciones de pop, rock, música electrónica y melodías ambient, según los diferentes estados de ánimo de los protagonistas, es otro hallazgo de esta pequeña gema.(Diego Batlle/lanación.com)

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